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¿Cómo sobreviven las artes en Venezuela? (1)

¿Cómo sobreviven las artes en Venezuela?

Regreso a mi país luego de un largo viaje, con la fortuna de respirar otros aires y explorar otras realidades. Acostumbrado como estaba a las exigencias de la crisis venezolana, donde resulta difícil concentrarse en otra cosa que no sea sobrevivir, tal vez me resultó impresionante ver tanta actividad sobre todo en el medio artístico. Librerías llenas de gente, museos abarrotados, conciertos, exposiciones. Llego con la sensacion de iniciar un nuevo ciclo en mi vida. Me pregunto qué pudo haber cambiado en Venezuela en estos tres meses de ausensia y lo primero que constato es que la moneda se sigue devaluando, pero esta vez a un ritmo vertiginoso. Cuando me fui el dólar estaba en cuarenta mil bolívares, ahora ronda los ochenta. Leo las noticias, converso con mis amigos, constato lo obvio: nada ha cambiado, el país continúa su caída progresiva.

Llevaba mucho tiempo sin viajar, y talvez la experiencia me permitió ver las cosas con la distancia necesaria para hacerme preguntas fundamentales. ¿Cómo hacemos los venezolanos para sobrevivir en una economía disfuncional? ¿Por qué seguimos produciendo cuando sabemos que trabajar es más caro que no hacer nada?  Y sobre todo, por qué y cómo los artistas continúan generando su arte pese a la brutal crisis. Esta última es la premisa principal de este trabajo.

Para tratar de despejar la interrogante sin quedarme en lo superficial, decidí contactar a varios creadores de diversas ramas y otras personas vinculadas con el ámbito artístico y entrevistarlos. Hombres que le dedican su vida al arte pese a las dificultades. Personas que piensan, sienten y actúan y cuyo denominador común se puede resumir en un verbo, insistir.


Héctor Torres, escritor

Si algo me impresiona de Héctor es su elevada conciencia social. Su trabajo no se limita a escribir libros. Además de desarrollar su arte escrito, también impulsa una serie de iniciativas digitales, todas enfocadas en la integración de la sociedad, en el reconocimiento con el otro. “La vida de nos” (www.lavidadenos.com) por ejemplo, es un sitio en donde la gente comparte sus experiencias a través de la literatura.

-¿Cuál es la función de “La vida de nos”?

El micrófono de las artes en Venezuela siempre lo había tenido la clase media. La gente de los barrios era una cosa sesgada, como otra gente. Estos carajos llegaron y demolieron el país junto con sus clases sociales y la gente quedó en shock. “La vida de nos” es un espacio que tiene la intención de mostrarnos cómo somos todos, con nuestras virtudes y defectos. Cómo los problemas de una señora que vive e El Cafetal, no son muy distintos a los de una señora de la carretera vieja Caracas-La Guaira. Vemos gente lidiando con sus problemas, no víctimas, contra un estado que desapareció o se terminó de quitar la careta velando exclusivamente por sus interes personales.

-¿Cuál es tu diagnóstico de la industria editorial venezolana en el presente?

No tengo un seguimiento sistemático del asunto, pero te puedo hablar como miembro del universo literario venezolano. Por allá por 2006 la actividad literaria era enorme. Con decirte que se celebraban cinco, seis y hasta ocho presentaciones de libros semanales. A partir de 2014 comenzó a decaer y en estos momentos la industria editorial está aniquilada. Las grandes editoriales se fueron, las pequeñas no soportaron y otras también pequeñas se fueron del país. Tú le preguntas a un chamo en la calle por tres autores venezolanos de los últimos diez años y le va a costar responder, es una tragedia.

-Escribiste lo que llaman la trilogía de Caracas: “Caracas muerde, Objeto no declarados y La vida feroz”. Por cierto, acabas de presentar el primero en España. ¿Hay espacio en ese libro para las mordidas dulces? O tratas exclusivamente temas densos.

Pese a que los episodios que cuento son violentos trato de darles una resonancia reflexiva, una necesaria cámara lenta. Si no hay espacio para la ternura, si no hay espacio para la redención ni para nuestra naturaleza humana, prefiero no contar nada.

-¿Qué me dices de “Objetos no declarados”?

En este libro trato de explorar la naturaleza del perfil social del venezolano. Lo publiqué cuando se acentuó la diáspora. Invito a los que se van a que reflexionen en relación con los motivos de su marcha, no vaya a ser que se los lleven como objetos no declarados y una vez que estén afuera del país se den cuenta de que formaban más parte del problema que de la solución.

-¿”La vida feroz”?

Aunque hay personas que me dicen que este libro es mucho más duro y triste que los anteriores, yo simplemente quise decir… bueno señores, aquí hay gente viviendo, estas son las reglas del juego y así vive la gente. Quise hacer una poética de eso.

-¿Cómo sobrevives a la crisis?

Ser escritor ahora en Venezuela es resignarse a que no vas a poder publicar. Yo acabo de presentar “Caracas muerde” en España y esa es mi apuesta en la vida. Trato de conseguir mercado afuera a ver si se interesan por otro libro mío. Mi principal fuente de ingreso es a través de “La vida de nos”, es un proyecto en vías de consolidación y contamos con alianzas locales y organizaciones internacionales. Además, dictamos talleres y acompañamientos literarios a terceros.

-Si Venezuela está transitando un ciclo ¿En qué parte del ciclo se encuentra? ¿Eres optimista?

Yo veo un mundo artístico resistiendo. Una sociedad civil haciendo cosas maravillosas pero creo que va a tomar mucho tiempo para que el paisaje se vigorice y haya una sociedad sana.


Ismael Querales, músico

Entrevistar a Ismael Querales para mí es algo muy especial. Además de ser un músico natural que puede contar la historia de un instrumento tocando una canción con su bandola, es un hombre que ha dedicado toda su vida a la investigación y difusión de nuestra cultura. Una persona que ha recorrido el país empapándose de nuestros ricos y diversos ritmos musicales, esa es su vida. Por si fuera poco, fue fundador de “Un Solo Pueblo”, legendaria agrupación que forma parte del ADN del venezolano.

-Ismael, ya vas para setenta. Imagino que llevas más de 40 años en esto ¿Qué te ha dejado la música?

Me faltan cuatro todavía, espérate. Sesenta y seis es muy distinto a setenta. Llevo más de cincuenta años en esto porque yo recuerdo cuando mi padre Teodoro Capriles, nos ponía a cantar desde chiquiticos. Yo creo que desde que tengo conciencia de la vida estoy ligado a la música. Después más grandecito comencé a viajar por mi cuenta con el interés y la preocupación de investigar a fondo la música venezolana, la danza también. Era un trabajo de investigación no de afuera hacia adentro sino al contrario.

-¿De adentro hacia afuera?

Si, nos involucrábamos naturalmente con la gente de los pueblos y era como estar en familia. Yo tengo casas regadas por todo el país. Mi vida ha sido eso, más nada. La tarea era llegar a los pueblos, hacernos amigos de la gente y participar en las actividades culturales. Es la única forma de aprender verdaderamente. Es más, todavía lo hago lo que pasa es que ahorita tengo accidentado el carro, ya lo prendieron pero me hacen falta los cauchos. ¿Qué me ha dejado la música? Pues la satisfacción de proyectar nuestra cultura, la gente, los pueblos, nuestra verdadera identidad.

-Tengo entendido que eres un natural ¿No hiciste estudios musicales formales?

Eso es correcto. Lo mío ha sido pura guataca, la escuela de la calle. Al principio mi papá nos metió carajitos en una escuela de música, pero eran tan aburridas aquellas clases, aquellos profesores más arcaicos que el carajo, a mí no me funcionó. Lo mío era el contacto humano y con la naturaleza.

-No hay fiesta sin música, pero resulta que en nuestra fiesta hay gente que se está muriendo de hambre, otras de enfermedad y millones que se han ido. ¿Cuál debe ser el rol del músico en la actualidad?

La música que nos acompañe en esta crisis por supuesto debe ser música venezolana, que nos recuerde que tenemos cosas maravillosas. Colaborar para que la gente tenga momentos de alegría es nuestra principal función en estos momentos de crisis. Que el ser humano tome conciencia de que no todo es material ni consumo, sino que también existe la parte espiritual, profunda, y eso está en nuestra música.

-Hay silencios cómplices o de indiferencia, pero también hay silencio sublimes ¿Qué papel juega el silencio dentro de tu música?

El silencio está en la música como parte de la obra. En mi caso el silencio es natural, es algo no pensado. Sale de mi corazón, del alma, y ofrece un espacio para el análisis y la reflexión. Tú no puedes hacer música si no hay silencio.

-¿Te ha servido la música para conocerte mejor a ti mismo?

Es que eso soy yo. Esa música que yo hago soy yo. Tú agarras a Ismael Querales, le quitas esa pata y no queda nada. Yo no soy más nada que eso.

-¿Cómo sobrevives Ismael?

Ese es un cuento que hasta me da pena contártelo. Yo estoy con una persona que trabaja en el Banco Central y hay muchas prerrogativas, ella me ayuda mucho. También tengo una hija que vive en Estados Unidos y de vez en cuando me manda ropa y alimento. Y bueno, los tigritos que me salen por ahí, donde nos conocimos. Además tengo un apartamento alquilado por el cual recibo una mensualidad y eso me alivia mucho.

Leandro Pino
Março, 2020


Foto do banner – “El Dueño del Sol”, Juan Carlos Linares , Cred-Francois Montalant
Foto de Héctor Torres – Cred Fernando Bracho
Foto de Ismael Querales

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Escrito por

Escuela de Comunicación Social, UCV: Licenciado en Comunicación Social, nivel de eficiencia 1. Tesis de Licenciatura aprobada con la máxima calificación y mención de publicación. Periodista, Guionista, productor y redactor de noticias. Venezuela, pinoleandro72@gmail.com

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